Olot, tierra de gigantes y volcanes – Beatriz Lizana

por Beatriz Lizana

Vista aérea de Olot

Vista aérea de Olot

Liza es una adolescente americana que llegó a España a través del Proyecto Pandora para vivir una experiencia catalana. Gracias a este programa de intercambio organizado por el instituto de secundaria La Garrotxa pudo vivir durante quince días con una familia española, que la acogió como otra hija más en su propia casa. “Me fui de Pennsylvania sin saber nada de las personas que me acogerían ni del lugar donde viviría”, aclararía más tarde Liza. Pero ahora recuerda con nostalgia el tiempo que vivió con su ‘familia’ española en aquel bonito pueblo.

En aquellas dos semanas, Liza tuvo la oportunidad de conocer Olot, capital de la comarca gerundense La Garrotxa y especialmente conocida por sus lugares de interés natural. Su término municipal aloja tres de los cuarenta volcanes extinguidos más conocidos y visitados del parque natural, el de Santa Margarita, el Montsacopa y el Croscat. En este último se encuentra el singular bosque de hayas La Fageda d’en Jordà, de características únicas en España por crecer sobre una colada enfriada de lava. Así le enseñaron en clase, según lo describió el escritor Joan Maragall en su poema dedicado a este hayedo, “el silencio de aquel lugar profundo / el caminante no piensa en salir”.  Así le explicaba Jaume, el abuelo español de Liza, el otro significado que adquirió este lugar en determinada época: “En bosques como este y otras montañas resistieron algunos hombres contra la dictadura de Franco, los conocidos maquis”. Y es que este entorno, ahora perfecto para cazadores, excursionistas y ciclistas, también lo fue para los guerrilleros antifranquistas que se echaban al monte para esconderse.

Mar, la hermana española de catorce años, lamentó que Liza regresara a Estados Unidos poco antes de que comenzaran las fiestas del Tura, que se organizan en honor a esta virgen, patrona de Olot. “Hubiera visto varias tradiciones interesantes de mi pueblo y a lo mejor le hubiera servido para entender mejor mi cultura. Somos gente participativa y nos gusta implicarnos en la organización de muchas de los eventos que hay en esos días”. El día 8 del mes de septiembre se celebra el  homenaje  a  la patrona y para ello durante cinco días Olot se viste de fiesta. La agenda está repleta de actividades muy variadas donde también tienen cabida las competiciones deportivas, desde el rugby a la pesca. Tampoco pueden faltar los espectáculos pirotécnicos como el correfoc, propio de la cultura catalana, en el que un grupo de personas disfrazadas de demonios desfilan por las calles corriendo, bailando y saltando entre fuegos artificiales. Quizás el acto más tradicional de todos es el baile de gigantes y cabezudos en la Plaza Mayor, que coincide  siempre con el día 8 de septiembre.

Aunque la cultura popular y el folclore local tienen un papel destacadísimo en el programa, desde la década de los ochenta a estas fiestas se le dio un nuevo enfoque, aunando tradición con modernidad. Por las plazas del pueblo se pueden escuchar conciertos de música de diferentes ritmos y estilos; en algunas plazas se bailan sardanas mientras que en otras se hacen demostraciones  de danza del vientre o conciertos de hip hop. Pero sin duda entre todas las actividades la más destacada es la Turinada, por ser la más multitudinaria y alocada. Se trata de un desfile que atraviesa el centro de Olot terminando en la calle del Tura, donde se celebra el baile de la Hora. En el camino, los adultos van bebiendo la tradicional ratafía entre otros licores, mientras los vecinos echan alegremente agua desde los balcones a esa multitud que se dirige a bloquear esta calle con el simple propósito de bailar sin parar durante sesenta minutos. “Se pueden juntar más de doscientas personas en un espacio bastante reducido y sé que acaban agotadas, por eso yo todavía no me he atrevido a participar”  confiesa Mar.

Liza lamenta no haber asistido a estas fechas tan importantes para el pueblo, pero le divierte conocer la evolución que han tenido las actividades a lo largo de toda la historia del festival. Y es que desde el 1859 y hasta nuestros días sólo se dejó de realizar durante los años de la guerra civil. Sin duda estos cambios en la programación de actividades han ido reflejando, con el paso del tiempo, los cambios sociales y políticos, los gustos artísticos, las nuevas formas de diversión, los sentimientos del pueblo, los momentos de prosperidad y los de regresión.

bailehora

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