Geografías y culturas del mundo, El acercamiento – Paco Sánchez

Fuerteventura, Florida, Surfers Paradise – tres sitios cuyas similitudes no sólo se reducen en sus paisajes paradisíacos, playas eternas y temperaturas veraniegas durante todo el año. Además de ello, comparten un nombre que refleja ya sus características más típicas y con eso, nos cuentan ya una parte de su historia.

Resulta interesante investigar de donde vienen los topónimos. Con Paco Sánchez, escritor de guías turísticas principalmente de Sudamérica, nos concentramos en el terreno americano: Argentina por ejemplo también podría haberse llamado Platina, ya que se denominó por el Río de la Plata pero haciendo uso de la palabra latina argentum. Otro caso: Venezuela que proviene de Venecia, porque los pilotes de madera en las que las viviendas indígenas estaban construidas le recordaron a Américo Vespucio, que dio nombre a esta región, a la ciudad italiana. Otro nombre que se basa en este navegante florentino es obviamente América, en honor a que fue el primero en entender que con el “Nuevo Mundo” se trataba de un nuevo continente.

Vemos que la etimología de países, regiones, ríos y mares nos puede dar información sobre atributos climáticos, ambientales, históricos o sobre cualquier otra curiosidad (¿Gran Canaria se llama así porque lo habitaban grandes perros (latín: canis)?). Pues sería un primer paso para buscar información sobre un país. Más allá de eso, se recomienda saber ubicar donde se encuentra el destino elegido. En particular a nosotros europeos nos resulta difícil calcular distancias y dimensiones teniendo tanta diversidad en tan poco terreno. Nos sorprende por ejemplo Estados Unidos, país más visitado del mundo. Uno piensa en él como continente, ya que en cuanto a la superficie lo podría ser, y no lo compararíamos con Francia o España. Las dimensiones además nos dicen mucho sobre la forma de pensar y comportarse de los habitantes. Viviendo en una montaña teniendo el vecino más cercano en el otro pico a cientos de kilometros de distancia, es comprensible que uno sea más cerrado y cuidadoso a la hora de que intervengan nuevas personas en su vida aislada. El otro extremo: Un ciudadano de Mexico City, Nueva York o Buenos Aires cuyo horizonte termina con el rascacielos de enfrente, y que no se puede sentir tan libre como un isleño de Formentera constantemente rodeado de mar y montañas.

Nuestro entorno somos nosotros. Y somos nosotros los que marcamos nuestro entorno. Es decir, si quieres conocer un país empieza con su topología y acércate paso por paso al hombre. Los paisajes, el clima, la flora y la fauna, después la civilización con su lengua, cultura, historia y política hasta que realmente puedas empezar a entender a las personas que habitan en él.

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