Altaïr, icono del buen periodismo viajero

“No decimos adiós, pero sí hasta luego” es el título de la última noticia que publicó Altaïr, revista de viajes de alta calidad, en su página web. “Altair cierra“, “Altair se rinde ante Internet” eran otros títulos que se podían encontrar en la red.

¿Cómo pudo pasar? ¿por qué Altaïr, el “icono del buen periodismo viajero (…), un refugio de calidad, buena edición, textos trabajados, línea editorial coherente y gran calidad gráfica” (El País) tuvo que renunciar? Pude que tuviera que adaptarse a una generación cuyas necesidades parecen limitarse a lo barato y rápido; dónde no hay espacio para el buen estilo y la alta calidad? “La crisis” dicen unos, “la falta de valores” dicen otros; todos intentando no culpar a personas concretas. Y tienen razón. Altaïr no tiene la culpa. Lo ha hecho bien: dedicándose en cuerpo y alma, desde la primera revista en 1992 hasta el cierre provisional once años más tarde. Además, con mucho orgullo.

En una entrevista se nos presentó Pep Bernadas, su director, a pesar de las malas circunstancias, venerable y sincero, hablándonos desde las primeras intenciones hasta últimas esperanzas.

Empezó con ideas juveniles: querían viajar, porque veían en ello la única manera de plantearse el mundo y de encontrar el porqué de todo lo que vivimos. Así que se lanzaron al mundo, siempre curiosos, viendo, oliendo, tocando; observando y opinando. Eran los años 80 y aún no había tantos trotamundos como hoy día. Eran pocos los aventureros que cruzaban por los siete mares y que en casa ya se les esperaba con ansiedad por las historias de ajenos países que iban a fascinar e inspirar. Pioneros en su disciplina, los fundadores de Altaïr se dedicaron a crear un lugar que podía saciar esta nostalgia y servir como punto de intercambio y mutua inspiración. Nació Altair: una librería que rebasa el concepto habitual, siendo más bien una mezcla de espacio cultural, lugar de encuentro, de ideas, de conexión entre viajeros. De una se hicieron dos (la primera en Barcelona, la segunda en Madrid) y de allí lo que les faltaba por transmitir.

Aún no era suficiente. No estaban llegando a la gente. No estaban difundiendo sus propias ideas. Por lo que decidieron hacer una revista. Se documentaron al máximo y publicaron una vez al mes una plenitud de buena información sobre diferentes temas de interés siempre enfocados en un destino. Un abanico que permitiera al lector conocer todo aquello que no se podía preguntar, una suma de miradas diferentes, con entrevistas, reportajes y fotografías de gente que sabe y que se quiere comunicar.

¿Qué ocurrió?

Los tiempos cambian. Y lo que hace diez años sólo podían escribir unos pocos privilegiados, ahora (aparentemente) lo puede hacer cualquier persona en su propio blog. La información en Internet es ilimitada y apenas se vende en papel (con lo bien que sienta su tacto y olor). Hay que reinventarse y pensar en cómo poder adaptarse al tiempo sin dejar ser fiel a sus ideales. Muchos lo consideran como algo malo, pero también se podría ver como una oportunidad para hacer nuevas cosas,  diferentes.

Los propios fundadores igual ya no tienen la fuerza para pensar en nuevos modelos. Quizás nos sorprenden con algo innovador, quizás no. Pero seguro es, que nosotros sí que iremos marcando la nueva generación de periodistas de viaje. Iremos cambiando y renovando, pero también prosiguiendo las huellas que dejaron. Siempre viajando con la curiosidad y pensando: “¿Qué busco? ¿qué me interesa? ¿qué quiero transmitir?”

(Per Bernadas, 13.06.2013, Altair)

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