Explora el sonido de Barcelona – Beatriz Lizana –

Un recorrido por los sentidos, un redescubrimiento de personajes 

pentagrama

Fotografía de Beatriz Lizana

No hace falta ser turista para conocer una nueva Barcelona ni es necesario tener ojos extranjeros para deslumbrarse con la urbe. Los recursos están ahí, en la calle, en ti. Camínala con actitud y las sorpresas y los descubrimientos llegarán. 

Es imposible imaginarse Barcelona sin turistas, esos personajes tan fácilmente reconocibles por sus caras enrojecidas por un sol que todavía no acaba de pegar con fuerza. Llegan a la ciudad desde un aeropuerto cualquiera de los muchos que conectan la ciudad con capitales europeas o extracomunitarias. Vestidos con ropas ligeras y pies semidesnudos —haga el tiempo que haga—, chancletean por las calles con mapa en mano buscando puntos de visita obligada. Y con la cámara reflex colgada al cuello buscan inmortalizar calles, plazas, edificios, monumentos… con ellos como primeros planos de sus fotografías. Esta es la imagen que cualquier español le viene a la cabeza ante el concepto guiri. Pero Barcelona es mucha Barcelona, puede —y debe— ser disfrutada de infinitas maneras y por todo tipo de gente.

Plaza Cataluña / Fotografía de Beatriz Lizana

Plaza Cataluña / Fotografía de Beatriz Lizana

Diariamente hay cientos de miles de personas que se mueven por esta ciudad por el simple hecho de trasladarse de un lado a otro, sin tomar consciencia del ambiente que les rodea, sin tener los sentidos al cien por cien. No disfrutan del recorrido. Sólo les interesa el destino. Si tú, que vives en Barcelona o la visitas asiduamente, te detuvieses por un momento y observases a tu alrededor —ten cuidado de esquivar a esos veraneantes con los que seguro te tropezarás— te darías cuenta de la cantidad de detalles que cada día pasas por alto por el simple hecho de ir concentrado en tus pensamientos, o en los de tu smartphone. Contempla un edificio y te sorprenderá el color tan brillante de su tejado, huele las tapas recién hechas de algún bar que te harán salivar, observa a una bandada de cotorras danzar al unísono y te sorprenderás. Y escucha.
Barcelona suena a música.

En medio de la marabunta de sonidos que rodean una ciudad moderna, es un ejercicio de concentración abrir los oídos y cerrar los prejuicios para descubrir algún son agradable a los tímpanos. No tiene por qué ser el murmullo del agua o el canto de los pájaros lo que te obnubile, puede ser una potente resonancia como el tañir de unas campanas.

Porque como dijera el arquitecto e historiador español Juan Bassegoda, “la curación de los males derivados del ruido excesivo no es el silencio, sino la presencia de otros sonidos más adecuados al sistema auditivo humano”.

Campanas de Gaudí / Fotografía de Beatriz Lizana

Campanas de Gaudí / Fotografía de Beatriz Lizana

En esa mezcolanza de personas de diferentes procedencias, este eco les podrá evocar diferentes sensaciones. Para los chinos la música de las campanas representa la armonía universal, entre los católicos pregona el sonido de lo divino. Sin duda, es una vibración que conmueve el espíritu y que Gaudí bien supo plasmar en su obra. El máximo representante del modernismo catalán concibió el templo de la Sagrada Familia como un instrumento musical en todo su conjunto gracias a ochenta y cuatro campanas distribuidas entre sus doce campanarios, como si fuera el teclado de un enorme piano, de forma que la voz del templo se sintiera por toda Barcelona.

Forjado con fórmulas exactas para su afinación, este instrumento ha desempeñado un importante papel en otros célebres barceloneses como Federico Mompou. Durante su infancia, el compositor acudía a la fábrica de sus abuelos donde fabricaban campanas que sonaban en varias octavas. Con una marcada personalidad introvertida y reflexiba, aquella experiencia infantil marcaría su futuro creativo: “No somos libres de pensar lo que queremos. Pensamos lo que sentimos”. Su música para piano está llena de sonidos de Cataluña y resonancias de esos recuerdos casi olvidados, de referencia a las campanas. De él diría más tarde el profesor de Jankélévitch “Hace una crítica al hedonismo, al culto al placer, lo más positivo de su música es la catársis que provoca en nosotros”. ¿Qué más podrían tener en común Mompou y Gaudí, además de ser dos de las grandes figuras del arte catalán? Pertenecieron a generaciones y contextos culturales diferentes, el uno se dedicó a la arquitectura y el otro a la música, pero ambos compartieron la ciudad de Barcelona y una misma luz. Este es el punto de partida de la exposición “El sonido de la luz”, cuyo hilo conductor se construye con fotografías, partituras, grafismos y aforismos, invitando a un sugerente recorrido por el mundo estético de Mompou y Gaudí. Se puede visitar en el Museo de la Música que está situado en l’Auditori, la sala filarmónica de más reciente creación en Barcelona y sede también de la Escuela Superior de Música de Cataluña.

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